La Gunilla Presenta
El respeto a la mentada de madre es la paz

Quedé fascinado con el respeto que le aplica el mentor a su mentada en esta frase que me encontré hace unos días a la vuelta de mi estudio.
Me hizo recordar aquellas tardes de son y danzón en La Fonda Katy cuando a los nuevos se les dedicaba la "Porra Jarocha" donde, el hoy finado Shilinsky, decía después de esa mentada de madre colectiva y a manera de bálsamo "con todo respeto, ¿eh?" lo que calmaba a quienes a veces no entendían el valor, la alegría y la sabiduría que hay en una buena mentada de madre.
Otra cosa que noté después de haber leído y visto muchas veces esta frase es que no me había dado cuenta que faltaba la letra "u" en la palabra "chingue"; quizá la fuerza de la frase hizo que olvidara mis fijaciones y obsesiones con la ortografía.
Pues con ortografía o sin ella, con educación o no; pero eso sí "con todo respeto" y recordando a Shilinsky quien además de haber logrado el premio de Rey Feo en el Carnaval de Veracruz en 1972 y en 1990, nos dió muchas, muchas alegrías.
Cuando las cosas hablan
Siempre me ha resultado interesante y divertido el hecho de que las cosas hablen. Cuando el diseño informativo convencional de un letrero pierde efectividad y obliga al objeto a hablar por sí mismo. Ejemplos escritos en coches/camiones sucios que dicen "Ya lávame marrano (obvio, el marrano simbolizado con un gráfico)"... "Anoche soñé que me bañaban"..."No tengo mugre, es una capa protectora", o los más ambientalistas que dicen "No soy basurero, soy un árbol" "No soy cenicero, soy maceta". En fin, muchos casos que ejemplifican este hecho de que hagamos que adquieran su propia voz para que les hagamos caso, para que quizá nos pongamos en su lugar o escuchemos "de tú a tú" su situación. Siempre son estos letreros hechos a mano, como si el objeto los hubiera escrito personalmente.
Justo cuando reflexionaba en esto de que las cosas hablan, leí en Twitter a alguien que escribió "Algo me dice que no me van a invitar..." y se me hizo simpático como también ese algo-cosa tiene una personalidad y una presencia importante en nuestra mente.
Colecciones
Según Freud los coleccionistas no tenemos resuelta nuestra etapa anal, o sea que cuando te ensuciabas de pequeño tu mamá te regañaba y así aprendiste a retener.
Entiendo, si la teoría es válida, que empecé reteniendo popó y muchos de mis amigos, al ver lo que colecciono, dicen: “¿Para qué quieres tanta mierda?”, o sea que no he avanzado mucho.
Comencé a coleccionar estampillas en secundaria y ahorraba el dinero del camión para comprar timbres. Un día comencé a coleccionar monedas y luego piedras y luego muchas otras cosas. Mis hijas hoy día dicen que colecciono colecciones.
Yo hubiera querido estudiar diseño o arquitectura, pero nunca sentí tener el talento necesario para esas profesiones y al no poder diseñar comencé a coleccionar objetos diseñados por otros y más tarde a restaurar casas antiguas particularmente en la Roma.
En 1968 compré los primeros envases de perfumería que lucían como adornos en la mesa de mi sala y de aquellos cuatro empaques iniciales hoy mi colección tiene más de 20 mil.
Interpretaciones

Día de Muertos
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Noviembre arranca siempre con el Día de Muertos y el ya controvertido Halloween. Estos días de cierre de octubre e inicios de noviembre me dediqué, además de recordar a mis seres queridos, a rescatar en mi imaginario mental a todos mis “muertitos gráficos”.
Resulta que todos los días que salgo de mi casa rumbo al Estudio me topo con esta calcomanía que está en la ventana de una casa de a la vuelta: “Viva, Seguros Monterrey Serfin, S.A.” invariablemente me lleva a un “no sé cuando fue, pero lo recuerdo”, a revivir esa florecita, la tipografía, el azul y al muñequito saltarín. En estos días de muertos me di cuenta que este es uno de los tantos gráficos que me han acompañado en el transcurrir de los años y que ya no está entre nosotros, o al menos solamente se encuentra en contados lugares; viene a ser algo así como una lápida visual. Así como la manita con la maquinita del voucher de Banamex con su tipografía cuadrada, el logo de Lily Ledy, la Familia Partridge, Commodore, el Intellivision, el Kid Acero, Star Wars, Galáctica, Shakey’s Pizza, Los Piedrulces, La Carabina de Ambrosio, la juguetería Ara, el Danesa 33, los chicles omega, el Continental La Casa de Disney y muchos, muchos más.
Todos estos logos o imágenes que de pronto recuerdo tienen para mi una fuerza similar a la de una persona que ya no está fisicamente, los traigo a la mente visualmente y me llevan a un recuerdo no solamente de ese ser, no solamente de los momentos compartidos, sino también a las sensaciones y emociones que experimentaba en esos días.
Afortunadamente existen otros que siguen entre nosotros, no sé si sea por su efectividad, por sus creadores, o por pura suerte que están presentes “vivitos y coleando como la lengüita de los Rolling Stones o el logo de AC/DC… los cuales –entre otros- me hicieron darme cuenta de que el diseño gráfico me gustaba y a quienes les debo no solamente mi profesión, de la cual vivo, sino la pasión que me mantiene vivo que es observar, evocar, analizar, interpretar, sentir y crear; que me llevan a sentirme una persona “Viva” como dice la calcomanía.
A todos mis muertitos, muchas gracias.
Ceras
La imagen de inmediato se abrió los archivos de mi memoria de casi cuarenta años, eran luces que se consumían en el piso y donde quedaba la huella de una esperanza también consumida. Siguiendo con “Recorridos con recordaciones”, hace unos días volví a sentir esa sensación de consumo, y no precisamente la excitación de comprar, sino de aquella donde las cosas se acaban, se abandonan, se olvidan. En el pueblo de mi padre se acostumbra usar las “ceras” –delgadas velas– que se consumen en un rosario prácticamente, su vida es efímera como quizá casi todas nuestras actividades cotidianas. Será una acción pagana, será una costumbre espiritual, pero lo que en su conjunto con el cempasúchil, la sal y los mosaicos del piso conforman una imagen que queda registrada para nuestras recordaciones.
Los números cuentan

Más allá de la definición wikipediana que dice: “un número es una entidad abstracta que representa una cantidad”, los números no solamente cuentan cuentas, también cuentan historias, evocan recuerdos, platican anécdotas y nos llevan a elaborar conexiones mentales y emocionales.
Los números dicen mucho del gusto sus creadores, de cuando y como fueron hechos, seleccionados y acomodados; de como son procurados y mantenidos o como han sido abandonados y son poco cuidados.
La autenticidad, honestidad y estoicismo con los que nos muestran abiertamente sus historias y el paso del tiempo, de las personas, de las vivencias, de los materiales y de los estilos propios de la época en que ellos nacieron es innegable.
Uno se puede encontrar algunos viejos que mantienen solidez, entereza y pulcritud, que narran con lucidez sus años y cuentan a detalle el paso de los demás; otros simpáticos que siguen siendo funcionales aunque los achaques les hayan llegado, otros que ya tienen la mente gastada, que no recuerdan en que momento se cayó o se borró alguna parte de ellos y pasaron a significar otra cantidad u otro color. Cómo alrededor o dentro de ellos han crecido otras historias. También están los nuevos, los jóvenes y frescos, algunos hechos con prisas y sin claridad’ que, combinados con la falta de visión y compromiso de sus creadores, corren el grave riesgo de tener una vida corta (sobre todo los rotulados en vinil).
Algo interesante que he encontrado en el contar de los números es la maravillosa conexión que hacen con mi mente y mis emociones. Hay números que me refieren a algún día en especial como nacimientos y cumpleaños, a mi número de la suerte, al inicio del teléfono de alguien, a seguir secuencias numéricas como el 123 o el 246, a darle distintos significados a un mismo número; por ejemplo, no es lo mismo el 10 que aparece en esta foto, que el 10 de Maradona, que el 10 de Downing Street o que el deseado 10 rojo escrito con crayón de cera en las calificaciones.
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